¿Sirven las técnicas?

tecnicasLas crisis de pánico o ataques de angustia aparecen debido a una fuerte reacción emocional, corporal, que tiene como causa niveles excesivos de ansiedad, miedo y angustia. Llega a ser tan alarmante dicha experiencia, que las personas que lo padecen sienten con seguridad que están en medio de un ataque al corazón (debido al descontrol en las palpitaciones) o que incluso están perdiendo la razón.

La crisis de pánico puede ser vivida por personas de todas las edades, ya que la edad no es un factor determinante para la aparición de la misma, la causa es puramente emocional. Puede ocurrir por ejemplo, tras una situación traumática, debido a una sensación de miedo muy grande, también ante una percepción de una gran amenaza ante algún estímulo real o irreal que provoque niveles altos de ansiedad.

La dificultad a la hora de tratar estas crisis, desde la psicología, radica en que una vez sufrido el primer ataque de pánico ocurre un fenómeno en la mayoría de los casos, de ansiedad anticipatoria ante la posibilidad de volver a sufrir otro. Es decir, la persona queda excesivamente alerta, ante cualquier estímulo que pueda significar una amenaza a la integridad personal, llegando incluso a evitar cualquier tipo de interacción con el mundo. Esto a su vez puede agravar aún más el cuadro, ya que aquellas personas que tiendan a aislarse y dejen de hacer su vida común y corriente, fácilmente llegaran a deprimirse.

Esta ansiedad anticipatoria o constante experiencia de miedo, mantiene a la persona hiper vigilante hacia sus sensaciones corporales y a la idea irracional de que volverá a sufrir un ataque en cualquier momento y en cualquier lugar. Paradójicamente en la minoría de los casos las personas efectivamente vuelven a sufrir un segundo o un tercer ataque de pánico, y si vuelve a pasar, muy difícilmente será de la misma intensidad que el inicial, sino de intensidades mucho menores. Por esto mismo es clave darle relevancia a la primera gran situación, más no a las posteriores, ya que estas serían réplicas, por así decirlo, de un gran sismo que ya ocurrió.

El abordaje psicológico para tratar esta recurrencia puede abordarse desde dos grandes enfoques, la primera: desde la experiencia emocional disruptiva que da origen a todo el cuadro y la segunda: desde la ansiedad constante y anticipatoria, que precede el cuadro. En la mayoría de los casos y para todo tipo de fines, la gente busca desesperadamente soluciones inmediatas y concretas. En este caso, se pueden encontrar en diversas páginas de Internet o en libros de psicología técnicas o pasos para aliviar la sensación de miedo o angustia, prometiendo que una vez que dichos pasos sean aprendidos esa persona jamás volverá a experimentar aquella sensación en su vida. Esto si bien puede ser cierto, que ocurra que una persona no las vuelva a padecer, es peligroso, porque como ya se dijo anteriormente, el perderle el miedo a las réplicas no significa que no pueda volver a ocurrir un gran sismo, es más, se olvida fácilmente qué es lo que pudo haber causado ese desbalance inicial.

Poner el foco en perder el miedo inmediato y en las sensaciones corporales del día a día puede resultar fácilmente efectivo, no hay que hacer más que ayudar a la persona a que tome conciencia de cuándo, dónde y cómo se produce el miedo. Se puede así, a través de la conversación, ayudar al otro a conocer su cuerpo y a poder reconocer las distintas sensaciones que aparecen de él. Así cada vez que aparezca la sensación, la persona pueda identificarla, luego pueda regular su respiración, sus latidos y poner el foco de atención en otro estímulo. Luego de aquello la persona puede de apoco ir aventurándose a retomar la vida perdida, como por ejemplo, si la primera crisis ocurrió en el metro, probablemente esa persona tendrá miedo a volver a tomar ese medio de transporte y tendrá que poco a poco atreverse a hacerlo.

En resumen, una vez ganada nuevamente la sensación de control sobre el cuerpo y la disminución del miedo eliminamos las réplicas. Desde este punto de vista las técnicas si son efectivas para tratar la crisis de pánico, puesto que ayudan a disminuir significativamente la percepción de peligrosidad del mundo.

Pero recapitulemos, párrafos atrás se señaló la ocurrencia de un gran sismo emocional. Este significa para la persona y para el sistema nervioso un remezón, reflejado en la percepción de un miedo desmesurado (pánico), a la sensación por tanto, de la posibilidad de perder la vida. Como este hecho tiene un origen emocional, es esencial que la persona pueda comprender el cómo, el porqué y a qué sintió tanto miedo. Lo complejo del ser humano, es que no solo le tememos a un león hambriento corriendo hacia nosotros, sino que le tememos también a la soledad, al abandono, al fin de un proyecto de vida y a los cambios, entre otras cosas.

Las técnicas si son efectivas, pero es clave no olvidar que la persona que sufre de este trastorno puede estar pasando por un momento emocional complicado, que haya servido de base para sentir pánico. En este sentido, luego de aplicar las técnicas para recuperar la normalidad, es esencial ampliar la mirada para una mejora integral y así asegurar de mejor forma que no vuelva a ocurrir.

Por otro lado, la psicoterapia también puede permitirle al paciente comprenderse en profundidad desde el comienzo del proceso, comprendiendo el origen del cuadro y sin la necesidad de técnicas. Todo dependerá de la gravedad del caso y de la paciencia y compromiso del paciente.