Fármacos Trastorno de Pánico

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Los fármacos utilizados para el tratamiento de los trastornos de pánico pueden disminuir la severidad y frecuencia de los ataques, pero no tienen un efecto de alivio inmediato durante las crisis. Es importante mencionar que el efecto placebo tiene resultados positivos (desde disminución hasta cese de los ataques de pánico) en un rango entre 14-59% de los estudios revisados por un meta-análisis (den Boer, 1998); pero que su efecto desaparece con el tiempo, por lo cual, los siguientes fármacos presentan mejores resultados:

  • ISRS (Sertralina, fluoxetina, escitalopram, etc; NC: Zoloft, Prozac, Lexapro)

Mejor resultado con los síntomas depresivos que las BDZ, y menos efectos adversos que las BDZ y los tricíclicos (Hertzman y Adler, 2010), por ello son el tratamiento de primera línea para trastornos ansiosos, sin embargo, sus efectos iniciales incluyen insomnio, nausea, aumento de la ansiedad y disfunción sexual (Baldwin et al., 2014); estos efectos ocurren aproximadamente en el 38% de los pacientes (Cascade, Kalali y Kennedy, 2009) y tienden a desaparecer con el tiempo. Su mecanismo de acción es la inhibición de la recaptación del neurotransmisor Serotonina, permitiendo que haya más disponibilidad de serotonina en el espacio sináptico entre neuronas, lo cual prolonga el efecto de la serotonina producida por el propio cerebro, llevando a una disminución de la ansiedad general. Se contraindica el consumirlas en conjunto con Inhibidores de Monoamina Oxidasa, dado que pueden causar síndrome serotoninergico. Otros efectos adversos posibles son náusea, hiperestimulación y disfunción sexual (Marchesi, 2008).

  • Antidepresivos tricíclicos (Imipramina, Clomipramina, Amitriptilina, etc)

Es preferible ante las BDZ, ya que tiene efecto sobre los síntomas depresivos (Hertzman y Adler, 2010). Las dos primeras presentan alto apoyo empírico para trastorno de pánico, se recomienda eso sí, que los pacientes inicien tratamiento con dosis más bajas comparado con otros trastornos, para evitar efectos adversos paradójicos como ansiedad, agitación e insomnio (APA, 2009). También, al ser más generales que los ISRS, se recomiendan cuando el paciente presenta poca tolerancia a estos, o bajo-nulo efecto (Baldwin et al., 2014). Su mecanismo es el bloqueo de las bombas transportadoras (recaptación) de serotonina y noradrenalina en la neurona que liberó esos neurotransmisores, aumentando la disponibilidad de estas sustancias en el cerebro, disminuyendo ansiedad y síntomas depresivos. Efectos adversos posibles: sudoración aumentada, fatiga, debilidad muscular, cardiovasculares, disfunción sexual, aumento de peso (si el tratamiento es prolongado), sequedad bucal, visión borrosa, dificultad al orinar y trastornos del sueño (APA, 2009; Marchesi, 2008).

  • Inhibidores de monoamina oxidasa Irreversibles (I-IMAOs)

La fenelzina y la tranilcipromina muestran ser efectivas para trastorno de pánico, pero se recomienda restringir su uso a pacientes que no responden a ISRS ni tricíclicos, dados sus fuertes efectos secundarios (e.g. crisis hipertensiva), y la necesidad de modificar la dieta del paciente (eliminar comidas ricas en tiramina, por riesgo de hipertensión). Estas actúan bloqueando la enzima MAO, que cataboliza (destruye) los neurotransmisores serotonina y noradrenalina “sobrantes” en el espacio sináptico (entre neuronas). La sobredosis de IMAOs es fatal y se recomienda evitar su consumo en casos de riesgo de suicidio (Marchesi, 2008; Baldwin et al., 2014).